Hablaba hace unos dias con una jovenzuela, que me comentaba que en los viajes, se aprendía mucho sobre la personalidad de los acompañantes. Cuanta razón tenía...
Lo más destacable de la escapada relámpago del pasado finde, es que me he librado de un colega más.
Para mi, la totalidad de los habitantes del mundo se clasifican en conocidos y desconocidos. A su vez, los conocidos se clasifican en amigos, colegas, indiferentes y enemigos. Los amigos son la gente que estbaa ahi cuando verdaderamente la necesitaste. Los colegas, son los que estaban ahi cuando no los necesitas, pero que misteriosamente desaparecen cuando necesitas a un amigo. Los indiferentes, son aquellos a los que solo recuerdas cuando los ves y de los que esperas tan poco de ellos, como ellos de ti. Y de los enemigos, supongo que huelga dar explicaciones.
El ser colega es una especie de limbo. Un paso intermedio. Muy pocos se quedan en él (solo los niños no bautizados, y lo no creyentes filantrópicos).
El ser colega, es como un test. Algunos, los menos, lo pasan y suben al escalafón de amigos. Otros, los que más, bajan un peldaño, y se nos vuelven indiferentes. Incluso una pequeña cantidad de ellos, se transforman en enemigos.
Un costra, es una especie de sanguijuela. Un repugnante especimen que utiliza os recursos monetarios o sociales de sus colegas para su propio beneficio. Un costra vive en un mundo paralelo, en el que no se da cuenta de que los demás le perciben como lo que es, un ruín y un miserable.
Un costra, puede no ser mala gente muy en el fondo... pero ¿a quién le interesa rascar toda esa capa de ponzoña para buscar al angelito que lleva dentro?
Un costra, difícilmente puede subir escalones. Un costra, suele acabar rodando escaleras abajo.
[Escuchando: OBK - Babylon - Oigo el silencio (0:-1)]