Y no estaría del todo mal.
Hay que ver si aguanto...
Vamos a limpiar el país y matar a 12 millones de judíos a lo largo y ancho de Europa
EL HOMBRE DE BOGOTÁ
La policía y el servicio de emergencia no le afectan en absoluto. La voz del esposo suplicante no produce el efecto esperado. La mujer sigue en la cornisa, aunque amenaza que no por mucho tiempo más.
Me imagino que soy yo quien va a tener que disuadirla para que no se tire. Veo la situación, y sucede de la siguiente manera:
Le cuento la historia de un hombre de Bogotá. Era un hombre rico, un industrial al que secuestraron para pedir un rescate. No era un drama televisivo; su mujer no podía llamar al banco y, en veinticuatro horas, le resultaba imposible disponer de un millón de dólares. Le llevó meses reunir reunir esa cantidad. El hombre tenía una afección cardíaca, y los secuestradores tenían que mantenerlo con vida.
Escuche ésto, le digo a la mujer de la cornisa. Sus captores le obligaron a dejar de fumar, le cambiaron la dieta y le forzaron a hacer gimnasia todos los días. Lo tuvieron bajo ése régimen durante tres meses.
Cuando se pagó el rescate y liberaron al hombre, su médico le hizo un chequeo. Comprobó que el estado de salud del hombre era excelente. Le digo a la mujer lo que dijo aquel médico: que el secuestro era lo mejor que podía haberle ocurrido a aquel hombre.
Quizá no sea una historia adecuada para que alguien decida bajar de una cornisa. Pero la cuento la intención de que la mujer que está subida en la cornisa se haga una pregunta, la pregunta que se le pasó por la cabeza a aquel hombre de Bogotá. Se preguntó cómo sabemos que lo que nos ocurre no es bueno.Amy Hempel - Cuentos Completos
Todavía me resulta difícil definir que es la belleza; tan pronto como tratas de hacerlo, te encuentras con que una cosa que en principio es fea pueda ser presentada de un modo hermoso, lo que rompe tus esquemas. La belleza es muy escurridiza.